Ídolos Muertos: Gloria a los muertos, muerte a los vacíos

Madrid sigue teniendo rincones donde el rock’n’roll puede crecer sin pedir permiso. Entre bares de Lavapiés, locales de ensayo, guitarras demasiado altas y conversaciones que deberían haber terminado varias horas antes, cuatro amigos decidieron volver a hacer ruido. Así nacieron Ídolos Muertos: Guiller FD, Al Moretti, Xabi y Chris Bongers, una banda que parece tomarse muy en serio la música y muy poco en serio cualquier otra cosa. Su punto de partida es sencillo: canciones, amigos, cerveza y una obsesión compartida por hacerlo todo un poco más fuerte, más rápido y, si es posible, mejor que la banda que estaban criticando la noche anterior. Ahora convierten esa filosofía en diez canciones con Mata Tu Verano, un debut urgente, imperfecto y peligrosamente divertido.

Gloria a los muertos, muerte a los vacíos

“Ídolos Muertos son ante todo una banda de amigos materializando en el local de ensayo sus obsesiones, su pasión compartida por el rock and roll y sus ebrias conversaciones hasta las mil sobre cómo sí o cómo no debe sonar, vestir o actuar esta o aquella banda”, cuentan. “Juzgando y creyendo que podemos hacerlo mejor y, con toda probabilidad, fracasando en el intento”. Hay una honestidad casi romántica en esa última parte. Porque, como ellos mismos reconocen, “¿qué une más a un grupo de losers que el romanticismo del fracaso compartido y las vanas aspiraciones de poder ser mejores algún día?”

El nombre Ídolos Muertos apareció, como suelen aparecer los mejores nombres de banda, casi por accidente. Después de “la habitual e infructuosa lista de nombres estúpidos que no culminan”, llegó el título de una de sus primeras canciones. El tema habla de mitificar ángeles caídos, de mirar la vida en blanco y negro y de esa tendencia humana a pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor. “Gloria a nuestros ídolos muertos, muerte a los ídolos vacíos del presente”, explican. Una declaración que encaja perfectamente con una banda que mira hacia atrás sin quedarse atrapada allí.

Aunque los cuatro forman ahora una unidad, sus caminos llegaron desde distintos puntos. Todos se conocieron a lo largo de los años en los bares de Lavapiés, un barrio que se convirtió en uno de los refugios de la escena rocanrolera madrileña mientras Malasaña sufría la inevitable transformación de la gentrificación. Ninguno nació en Madrid: Chris es de Wisconsin, Al Moretti de Valladolid, Xabi de Vitoria y Guiller de Daimiel, en Ciudad Real. Llevan entre diez y veinte años viviendo en la capital, dependiendo de quién hable. “Viva la globalización, la romanización y la conquista árabe”, bromean.

También llegan con diferentes cantidades de kilómetros recorridos. Chris Bongers es, probablemente, quien acumula la hoja de servicios más impresionante: ha tocado con nombres como Paul Collins, Peter Case (de Beat y Nerves) y Javier Escovedo, de los Zeros, además de Bultacos o Kurt Baker. Al Moretti toca también en Jíbaros y anteriormente estuvo en Zombie Valentines. Xabi apenas lleva un año tocando el bajo, así que Ídolos Muertos es, literalmente, su primer amor. Guiller, por su parte, prefiere dejar en el anonimato sus anteriores proyectos, aunque reconoce que de ellos aprendió todo lo que hoy sabe.

La historia de la banda comenzó realmente cuando Guiller decidió sacar la guitarra del armario después de cinco años. El regreso vino acompañado de un torrente de ideas y de esa excitación que aparece cuando vuelves a hacer algo que echabas de menos. La misión siguiente fue convencer a Chris, que se consideraba “retirado” después de seis años sin banda, y a Xabi, que había tocado el bajo apenas cuatro veces en su vida, de montar un grupo. Unas cuantas cervezas y bastante insistencia hicieron el resto. Poco después llegó Al Moretti, justo cuando apareció la posibilidad de tocar el primer concierto, cerrando el círculo.

Guiller se encarga de escribir las canciones, pero Ídolos Muertos funciona como una banda en el sentido más clásico: las ideas llegan al local para descubrir allí si realmente tienen algo que decir. “El proceso de composición se basa en tener cuantas más ideas mejor y filtrar las mejores”, explica. Después llega un segundo filtro, protagonizado por Xabi: “mi bajista, el que más me sigue el rollo y me dice: ésta mola, ésta no”. A partir de ahí, todo pasa por el local. Si funciona, entra al repertorio. Y con Chris detrás de la batería, parece que las posibilidades de supervivencia aumentan considerablemente. “Hasta el tema más mediocre, suena competente”, admite Guiller.

El resultado de ese método es Mata Tu Verano, el primer y, hasta ahora, único lanzamiento de Ídolos Muertos. Diez canciones grabadas en apenas un par de sesiones y ensayadas relativamente poco. En cualquier otro contexto podría sonar a falta de preparación; en el suyo, encaja perfectamente con la urgencia del punk rock. “Producto de la inmediatez de la vida moderna”, lo llaman ellos, una circunstancia que terminó aportando al disco una energía que no le viene nada mal.

El álbum salió en digital durante el infernal mes de julio y llegará en vinilo el 15 de septiembre de la mano de Snap Records. El título, tomado de una de las canciones, funciona casi como una amenaza estival. Y para acompañar el lanzamiento también han publicado un videoclip de “Rómpelo”, el tema que abre el disco. Guiller lo ha montado de manera amateur utilizando imágenes grabadas durante los primeros seis meses de vida de la banda. Nada demasiado elaborado. Y precisamente por eso, probablemente, funciona.

Musicalmente, Ídolos Muertos encuentran su punto de encuentro entre el punk y el power pop. Pero sus gustos van bastante más allá. En sus conversaciones y playlists aparecen country, soul o hip hop, aunque hay dos elementos que todos comparten: el amor por las melodías y las guitarras llevadas al límite. Entre sus referencias contemporáneas aparecen Redd Kross, Carbonas, Exploding Hearts y Marked Men, mientras que el punk del 77 de The Boys, Buzzcocks o The Damned forma parte del ADN.

El apoyo institucional, dicen, es inexistente. Pero quizá tampoco lo necesitan demasiado. “Nuestras escenas siempre vivieron a la sombra, donde por suerte podemos seguir haciendo lo que a cada cuál le da la gana.” Y quizá ahí esté precisamente la gracia. En una época donde todo parece necesitar una estrategia, una explicación y un algoritmo detrás, cuatro amigos pueden todavía juntarse en un local, tocar demasiado alto y decidir que una canción necesita entrar directamente al set.

Cuando les preguntamos por otras bandas que deberíamos escuchar, la lista se dispara. En España destacan nombres como Plastic Meat o Automatic Lovers. Desde Australia, señalan a The Prize, Unknowns, Loose Lips, Gee Tee y Split System. En Europa aparecen Lullies, Scaners, The Speedways y Peawees. Y desde Estados Unidos llegan The Whiffs, Reflectors, Dirty Fences, Dark Thoughts, Paint Fumes, Brower o Sick Thoughts. Una lista suficientemente amplia como para entender que Ídolos Muertos no viven únicamente de la nostalgia: están atentos a lo que ocurre alrededor.

2025 fue, para ellos, el año de conseguir que el proyecto empezara a existir fuera del local. Lograron editar su primera música, hacerse visibles y tocar en salas y festivales fuera de Madrid. Pero quizá lo más importante fue lo que ocurrió entre concierto y concierto: “Nos hemos hecho muy amigos y hemos hecho otros nuevos y nos hemos reído con todo y de todo, todo el rato.”

Ahora toca llevar Mata Tu Verano a la carretera. El 19 de septiembre, Ídolos Muertos celebrarán en Fun House, Madrid, la gran fiesta de presentación del disco junto a sus amigos de The Speedways, que también estarán presentando su nuevo trabajo. Habrá doble sesión, a las 18:00 y a las 22:00, y ellos prometen que “esa va a ser gorda”. Después, seguirán tocando allí donde les inviten. Y si los astros se alinean, en 2027 volverán al estudio para cocinar el siguiente lanzamiento.

Mientras tanto, Ídolos Muertos parecen bastante cómodos en ese territorio donde el fracaso, la amistad, la cerveza y el rock’n’roll se mezclan hasta que resulta imposible distinguir dónde termina uno y empieza el otro. No pretenden salvar el rock. Tampoco parecen demasiado interesados en hacerlo. Simplemente quieren tocar canciones que les gusten, tocar fuerte, compartirlas con sus amigos y mantener viva una escena que nunca necesitó permiso para existir.

“Gracias a Heatwave por ser tan cool y apoyar el R’n’R desde abajo y con amor.”

Gloria a los ídolos muertos. Y, por supuesto, larga vida al rock’n’roll.

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